Olor de verano
Se nota en la calle, el ambiente se relaja, la risa se desborda, la prisa amaina, se llena la noche, deseos de amor, de encuentros y vida.
Si es bueno vivir, todavia es mejor soñar y lo mejor de todo despertar. ANTONIO MACHADO.
Eso esperamos Fernando, que sea un lujazo la coronación de reinas porque este año para la comision ha sido un poco complicado.Esperamos que guste a todos y sobretodo que las reinas de calatorao de todos estos años se sientan orgullosas ese día y todos los días de haber representado a su pueblo. Nos vemos. besicos
Reinas de Fiestas
La elección de Reinas de Fiestas de 2007, va a ser un lujazo. ¡¡¡50 años de Reinas¡¡¡¡ Una pasada. Ya se escuchan los sonidos en la distancia. Avelina, no faltes.
Adios.......................
Aquel día, ni siquiera había comido.
La culpa la tenía un camión de bloques que tenía que venir por la mañana y siendo las 5 de la tarde todavía no había aparecido.
Los cuatro jóvenes se acercaron a la obra y me preguntaron igual que hacían otros días: Don, ¿nos podría llevar hasta Icod cuando se vaya?.
¡Faltaría más!.
Eran tres chicas y un muchacho como de 15 o 16 años a los llevaba hasta el pueblo vecino, como a 5 Kmts. de Garachico donde estábamos construyendo unos apartamentos, cerca de la playa de la Caleta de Interián. Y se sentaron a esperar en la puerta.
Los albañiles que estaban trabajando en la obra se dedicaron a lanzarles requiebros volados a las tres muchachas preciosas, que no les hacían mucho caso aunque se dejaban querer, y seguían sus bromas entre risitas adolescentes.
El camión llegó a las 6´15 de la tarde, justito cuando ya se habían marchado los trabajadores. ¡Nada de apuros!, ¡nada de malas caras!,pero había que descargar el camión así que… ¡todo el mundo a echar una mano!, todos a descargar los bloques junto a la pequeña pared ya levantada que señalaba el límite de nuestro solar.
Todas y todos afanándose en quien era más rápido hasta que el cansancio, algún corte en aquellas manos inmaculadas y los ¡si lo sé no vengo! se fueron imponiendo en el ambiente cuando ya el sol desaparecía por el horizonte marino de la Palma y la noche se apoderaba de las esquinas absorbiendo sus sombras.
Tenía que entrar a trabajar a las 8 de la tarde.
Eran las 7, quedaba media hora de carretera y tendría que afeitarme, ducharme y empercharme y después tirar para el curro.
Terminamos entre sonrisas, complicidades cariñosas, coca colas del bar aledaño, suspiros de alivio y la firme promesa de, ¡en lugar de venir a pedírselo al tajo le hacemos autostop en la carretera!.
Y más y más risas.
El viejo pero bien conservado BMW nos esperaba a la puerta.
Arrancó al primer toque de llave como si también estuviese deseando irse para casa.
El joven que se llamaba Nicolás se sentó de copiloto, las tres muchachas entre empujones, ubicaciones preferidas, risas estentóreas y minifaldas imposibles, en la parte de atrás.
Salimos a la carretera como si fuese el día de Reyes y nos estuviesen esperando los regalos colgados de las ramas verdes de un abeto lejano.
Pasamos Garachico y enfilamos la larga avenida que lleva a la curva que abre hacia el túnel del Guincho, justo por debajo de la casa solariega de los marqueses de Ponte y cuyo hijo Antonio era tan amigo mío.
Ahí justito, ahí, en la última curva a la izquierda que lleva por el camino del mar ocurrió lo inesperado.
Quizá la ansiedad apremiante ante el retraso, el peso del pie cansado, dijérase que como un pedrusco caído a dar en el justo punto medio del acelerador, hicieron que enfilase el suave desnivel de la curva a una velocidad que recordar ¡no quiero!.
Allí, en el mismo tramo invisible de la curva apareció, casi por mi derecha un pequeño furgón de reparto que había invadido nuestro carril.
Solo vi la cara de un señor muy mayor en la foto finís, que mis ojos hicieron de la situación antes de apartar la mirada buscando el agujero de la evasión del peligro y mejor a ser posible ¡del mundo!.
¿Iría el anciano señor adormilado?. ¿Se le habría ido el volante de las manos seniles?. ¿Estaría pagando en su vigilia forzada los posibles excesos de trabajo o las horas declinantes traidoras del día y de la consciencia?.
El giro de mi muñeca a la izquierda del volante sonó como el chasquido de un latigazo. Busqué el pequeño hueco que quedaba libre al lado del mar, al otro lado de la carretera, casi saliéndome de ella o por los menos levantando una polvareda que lo cubrió todo por segundos, en ése minúsculo sitio donde en ése momento se está tirando en el cilindro de la ruleta de la vida, la pequeña bola de marfil que determinará lo años que te queden.
El contravolantazo llevó el coche otra vez a su carril sin apenas rozar las preciosas espigas de cola de gato de las carreteras del norte.
Pero empezó a girar como un trompo loco. Como una peonza sin control que solo se fijase en el arrullo acariciador de la brisa y de la noche.
Por el cristal posterior solo veía sucederse los farallones de la pared de piedras que separan la carretera de las cercanas plataneras. Ora pared, ora mar, ora pared ¡otra vez!....ora mar… Pero sin salirnos ni un centímetro de la carretera. Las niñas agazapadas y revueltas entre sacudidas de caballo desbocado.
Y de pronto el fogonazo de los faros del autobús que venía por detrás y que al quedar en sentido contrario nos apuntaba en el mismo culo del coche.
El pie golpeó en el acelerador como si estuviese iniciando una carrera de obstáculos. Saltó el coche como si le hubiesen puesto un petardo “fin de fiesta” en el tubo de escape y al correr unos 100 metros y sentirme salvado de la proximidad frenada del autobús por detrás, fui dejándolo correr suavemente hasta el cartel de Parada del mismo.
Las dos señoras que esperaban al lado de los enormes cestos típicos de éste lugar se acercaron a la ventanilla del coche donde yo, apoyado en el volante y sin ganas de levantar la cabeza ni la vista, había iniciado un pequeño recopilatorio-duermevela del peligro de la situación.
Ay ¡Mi niiiiiiño!, de la que se han salvado ustedes.
Las tres muchachas continuaban amontonadas en la parte de atrás haciendo de su deterioro posicional un cóctel de suspiros e incredulidad. Nicolás tenía los ojos abiertos como platos. Impertérrito, serio, atrapado por el cinturón y apenas sin moverse pero con la expectación en la mirada del que sabe que ha estado viviendo un momento de inflexión crucial de su futuro.
El conductor de la guagua y algún pasajero se nos acercó a ver si necesitábamos algo.
No pude ni explicarle como se había generado, ni qué coche era el que me hizo salirme y mucho menos como había reaccionado así al tremendo derrapaje porque ¡ni yo mismo lo sabía!.
Son ésas milésimas de segundo en que el cerebro procesa sin preguntar, en que los nervios actúan porque sí, sin indagar de donde coño proceden los estímulos que determinan que una maniobra termine en un susto morrocotudo o en el temido cementerio.
Ha sido muy hábil, amigo. ¡Ustedes han vuelto a nacer hoy!.
Bueno, pues mire, hoy 9 de Diciembre, mañana es mi cumpleaños.
Lo mismo pensó que era hasta broma, cuando sonriéndose me tocó un poco el pelo de la cabeza metiendo la mano por la ventanilla y me indicó en medio de la carretera, deteniendo el tráfico, la maniobra para dar la vuelta al coche y ponerlo en dirección a casa.
Ninguno de los ocupantes hablamos en los 3 Kmts que quedaban hasta Icod.
Al llegar al destino les hice unas pequeñas observaciones de lo que se podía haber generado si alguno moría o se quedaba inválido o no sé, les hable de lo complicadas que son las cosas cuando sucede algo malo que te cambia por completo el planteamiento inicial en que todo ha sido festivo, cariñoso y alegre.
Ellos me dijeron que yo era muy amable al llevarles siempre y que si ocurría algo algún día, eso les podía también suceder en el autobús o andando aún mucho peor.
Los dejé en el sitio de otras veces, al lado de los bares de marcha y me encaminé despacito hacia casa donde Flor me estaría esperando preocupada por la tardanza. Pero todavía no era la época de “una persona… un móvil”.
Desde luego que no le conté nada a mi esposa. ¡faltaría más!, las cosas se cuentan cuando puedan mejorar las situaciones sino ¡para qué!...¿para preocuparla y dejarla las 8 horas de mi trabajo nocturno con la congoja de un momento pasado peligroso?. ¿Para hacerla pensar al día siguiente en la misma posibilidad?...¡mariconadas! ésas cosas como los amores adolescente nunca se cuentan, porque sino, pueden hasta no hacerse realidad.
Al día siguiente llegué tarde a la obra.
Los albañiles, sobre todo un peón gafitas, llamado Sebastián y con pinta de rompecorazones estaban medio esperándome y me mostró un sobre marrón donde aparecía tachado a bolígrafo rojo el “elecciones municipales”, que había llevado Nicolás y que bien cerrado con su pegamento y con el “sello lacrado” de una cinta de celo que le daba la vuelta, ponía en su portada: para DON.
Me reí con los trabajadores del tratamiento que aquí siempre se da a quien, o no tienes la confianza o el trato suficiente o no conoces su nombre, que no era el caso.
Lo abrí y me dio un estertor de cariño y ternura por las pocas y sencillas palabras que contenía además de las firmas colegiales de todos ellos, donde se podía claramente leer su identidad: Diana, Lourdes, Ana Belén y Nicolás.
Aún la conservo, era la mañana del 10 de diciembre de 1993.
¿Que qué ponía?...
Así, muy sencillamente, con una caligrafía entre excesivamente reposada y adornada, como si la hubiesen escrito varias veces hasta que no hubiese ni tachaduras, ni borrones, ni dudas, ni siquiera la melancolía que no lograron evitar.
¡Muchas Felicidades DON !.
Un beso de los 4, ¡ayer nos salvó usted la vida!.
PD.- Hoy 13 años después,
Lourdes y Nicolás tienen dos niñas.
Diana está casada con Miguel Angel, otro amigo Caletero.
Ana Belén es pediatra, sigue soltera y cada día es más guapa…
….y más buena conmigo.
Otro viaje, que continuará, cuando sea pero.....
Hay viajes que debían durar toda la vida.
Como aquellos de los antiguos exploradores que se adentraban en las procelosas junglas y sabanas del centro de África y donde después de pasar muchos años decidían quedarse para, entre otras cosas, no tener que andar dando a nadie explicaciones de su vida ajetreada.
Lo malo de África es que teniéndola tan cerquita en Canarias tenemos que volar a Madrid, de allí a Amsterdann y después bajar toda Europa en vertical hacia el destino, ampliando en muchas horas de vuelo y aeropuertos algo que desde aquí sería como saltar una acequia.
El pasaje que esperábamos en fila india en el aeropuerto de Amsterdan era de ésos que te hacen pensar si no estarías mejor haciendo cola, pero, para regresar a Madrid.
Monjas, señoras con pañoletas y faldas grises y jerséis azules con pinta de monjas, frailes, señores con chaquetas de paño marrón y con cuello duro, con una pinta de frailes que te cagas, negritos y negritas con aspecto de no querer volver nuevamente a la civilización y algún funcionario, especuladores del suelo o banquero de medio pelo con unos sombreros recién comprados estilo Panamá y de los que no es necesario ver la etiqueta para detectar que son de China Hand, o los clásicos marrones de fieltro estilo Indianayons y con ganas de recordarte a cada movimiento de cadera que Harrisons Fords ¡hay en todos los lados! ¡hasta en Tomelloso!.
Las esposas embutidas en sus conjuntos de diario-vaquero-aventurero de la Pura López y con los bolsos de Loewe en bandolera como si con ello te quisieran demostrar su clase y su poderío, aunque eso sí con ésas botangas de siete vueltas de cordones dorados recién estrenaditas, supuestamente preparadas para atravesar los grandes rápidos de los ríos o de las cataratas y que indudablemente no van ni a mojar.
Nosotros éramos tres. Nos acompañaba Francisco, un buen amigo catalán que lo hace a menudo, de nuestra edad, bien resuelto en todos los aspectos, agradable y decidido, de ésas personas que te hacen el viaje más ameno y que jamás están en desacuerdo con nada.
Era un viaje de un mes donde visitaríamos Kenia y Tanzania en ése afán tan español de “una vez que estás allí ¡joder!, pues a matar dos pájaros de un tiro.
Llegamos como a las 2 de la madrugada, ésa hora en que lo mejor es estar durmiendo, pero que si estás allí es porque te ha dado la gana ¡que nadie te mandaba meterte en ésos andurriales!.
El aeropuerto de Kilimanjaro era lo que me esperaba de otras visitas a ése continente.
Moscas como tábanos asesinos con ése rugir de los helicópteros antiguos; mariposas marrones sin color ni gracia que revoloteaban como duendes borrachos desmadrados en la pequeña sala de recepción del aeropuerto y que me recordaba a la sala de espera de un hospital abandonado.
Los montones que había muertas por el suelo eran apiladas con escobas de mimbre por operarios nativos en los rincones del pequeño habitáculo, merced a que caían como lo que eran en unos potentísimos aparatos gigantescos de luz, especiales para electrocutarlas y que producían un continuo chirriar de sacudidas que semejaba el rozar de las ruedas obsoletas en los raíles oxidados de un tren enloquecido.
A millones. Sin exagerar, eran capazos enormes de insectos muertos que supongo debían tener su exclusivo cementerio.
Las largas colas, pasaporte en mano, parecían no moverse en ésa mala suerte que siempre te sucede solo a ti, de que en la que no estás…. anda más deprisa.
El guia que nos esperaba en la puerta era un muchacho de la tribu de los massai, se llamaba Jeremías, bueno o Jéremhya como le gustaba que le llamásemos aunque a ésas horas, con aquel calor nocturno y en aquellas latitudes no era cosa de andarte con remilgos. A partir de aquel momento le llamaríamos Jeme y ni para uno ni para otro, que ha sido siempre la solución salomónica tan criticada, pero que menos quejas levanta.
Había aprendido español con un sacerdote burgalés en Nairobi que daba clases gratuitas a los niños de la calle.
Nos subió a un destartalado Lanrover que debía tener nuestra edad, nos presentó al conductor, se llamaba Uhuru por lo que tampoco vimos muy complicado ponerle un apelativo cariñoso que nos fuese más fácil de recordar por lo que lo llamaríamos Uju, solo hablaba swahili , y era un simpático morenote grande y rebosante de optimismo, que provisto de una gorra roja con el distintivo de NY y de la misma corbata que Jeme donde lucía el anagrama de Safaris Kobo, era todo el distintivo o uniformidad que nos haría reconocerlos en cualquier lugar que visitásemos a lo largo de los 30 días que habíamos de compartir en amor y compañía. Que habríamos de tratar de aprovechar al máximo recorriendo ambos paises hasta terminar en Nairobi desde donde volaríamos a casa, aunque en eso ahora más valía ni pensar.
Nos encaminamos al hotel a través de unos caminos invisibles, atravesando riachuelos, salvando puentes de madera que se diría ¡solo para bicicletas…y de una en una!, entrando y saliendo de pequeños claros donde ya oíamos los rugidos y demás sonidos de vida de la selva.
Estábamos en la Reserva Nacional de Masai Mara, nuestra primera noche en un mundo sugerente y atractivo, nuestro primer safari nocturno que después realizaríamos a dos diarios por aquellas planicies pobladas de animales peligrosos.
¿Peligrosos?....¡qué va!, bueno sí en algún momento sucederían hechos puntuales medio peligrosos pero eso son futuras historias.
Peligroso-peligroso solo el hombre, el único animal que no mata sólo para comer, que mata por placer, que incluso en un alarde cobarde, machista y mezquino mata por matar…….
A la AMISTAD. Sin nombres. (Para no mosquear.....)
Yo nunca me despido del todo. ¡Jamás!.
Es que no me gustan las despedidas para siempre.
Por eso, cuando estás pensando en retirarte un poquito y no te viene a la cabeza ésa fórmula que deje simplemente en el aire el perfume de los días compartidos, te sientes medio decaído.
Sí, sobre todo cuando te remuerde la duda de si has sido lo suficientemente contundente en la defensa de una de las personas a quien más quieres de la tierra.
Tú, que en tu propia opinión te consideras de los últimos guerreros, de los penúltimos tipos duros, de los que no les aletea el pabellón nasal cuando se enfrentan a situaciones inesperadas, imprevisibles, inexplicables y hasta irresolubles……
Te das cuenta que hay alguna persona que puede ser elegante con pocas palabras, con ningún odio, con la sonrisa en la boca que a mí tanto me anima, me reconforta, me hace seguir confiando en que al final, la vida pone a cada uno en su sitio, sin que el análisis de cada lugar signifique el haber ocupado mejor o peor ubicación en la cotidianeidad resbaladiza de la piel de sapo de los días consumidos, sino en el regusto que al echar la vista atrás te depare tu propia opinión, la que nosotros mismos quizá menos valoremos y sin embargo la auténticamente imprescindible.
De los demás obtendríamos miles. Una y diferente por cada uno que conocemos.
Nuestra, solo una. Sí, pero la válida, la esencial, la cercana, la rotunda.
Bueno, yo a eso le llamaría el entramado misterioso de los espejos de nuestra conciencia.
Imitando a mi querida Pili con ésos juegos entrañables:
A ver quien adivina ¿porqué ¡estoy tan contento!?.
¿Será por lo de las 7 Maravillas del Mundo?.
¡¡Nooooo!!. Ya dije en otro momento que de todas las postuladas solo me quedaba Stonehenge a la que voy a visitar el miércoles próximo y que en caso de haber salido elegida me hubiese hecho estar ¡por solo 3 días! en el sencillo dilema maño del “ganas de cascarla tienen los 100 millones de electores que han votado”.
¿Porque no estoy de acuerdo con la elección?.
¡¡Tampooooco!!. Aunque es verdad que no lo estoy del todo, porque me falta Granada y los Moais de la Isla de Pascua y me sobran el Corcovado y el Coliseo de Roma ( y el que conozca el Coliseo de El Jem en Túnez sabrá a qué me refiero), aunque claro eso es simplemente mi opinión personal sin que en ello intervengan para nada prejuicios o matices religiosos o nacionalismos obsoletos sino de belleza, antigüedad y misterio.
Entonces ¿porqué estoy tan contento?....
¿Porque me voy unos días a la Bella Albión y después me aguarda Zetonio con Rosa y Andrea para pasar el mes de Agosto maravilloso de cada año?. ¿O quizá porque después tengo la boda de mi sobrino querido?...
Bien, sería hasta suficiente, pero ahora ha sido motivado por un asunto quizá trivial para otros:
Ha sido constatar que para mí, vale más un solo abrazo de sus músculos poderosos, que todos los golpes imprevistos que me pueda llevar en el pasillo absurdo y divergente de la vida.
Ha sido el darme cuenta de lo fácil que es para él conservar por encima de todo su educación y su señorío…....
Sería igual de especial para mí, si en lugar de ser el mejor amigo que se pueda tener, fuera bombero, trapecista o matasanos ..o tocase el bombo en una diminuta banda municipal.
A la AMISTAD. Sin nombres. (Para no mosquear....)
Con lod dientes largos
Hola amigos!
En primer lugar un recuerdo para el señor Pepe allí donde se encuentre.
Acabo de regresar de la playa y entre el follón de deshacer maletas, hacer coladas y tal… me he tirado media tarde para poder leer todos los escritos pendientes.
Se me cae la baba de ver las fotos de Pili y ya cuento los días que me faltan para poder ver con mis propios ojos y tocar las maravillas de ese país que, por otro lado tan bien habéis descrito Porfi y tú.
Un beso para todos!
Con cariño a Don José Cásedas Jóven
Cuanto podemos recordar de él, su tesón y fuerza interior, sus buenas palabras, su bondad, su saber estar.
Cuanta fuerza de voluntad en este año para esos, sus "últimos" amigos que había encontrado en la página.
Mucho le costaba, pero él subía a la biblioteca para trasmitir experiencias, anécdotas, consejos y cariño con sus poesías. !Cuanto aportó en tan poco tiempo!.
Don José Cásedas Joven, UN GRAN BESO, nunca le olvidaremos.
La Yeni Camí.
¿ A esta, te referías ?
! Y la última !
La de la Reina Madre, o lo que es igual, la de Santa Sofía, que la pide Porfi, y sus deseos son órdenes.
! Que Luis, también vino !
! Y otra mas !
La increible Capadocia.
! Otra !
Ahí va otra, y esta vez, sin espantapájaros.
Es una puesta de sol en Canakkale. Es la vista que teniamos desde la ventana de nuestra habitación del hotel.
! Pues no !
Lo siento, me he equivocado.
Conseguido
Ufff, lo he conseguido.
La anterior es la Mézquita azul , ahora meteré una del interior.
Feliz verano.
Buenos días a todos.
Hoy se inicia un fin de semana, que para nosotros durará hasta la última semana de Agosto que iremos a las fiestas de Calatorao.
Como allí no tendré la facilidad que tengo aquí para comunicarme con vosotros ( aunque me daré algún paseito por el ciber ), no quiero irme sin despedirme, y meter alguna foto de Turquía ( suponiendo que sepa, que sin Luis, soy un pato mareado ).
Un abrazo a todos.
Que tengais un buen día, un estupendo fin de semana, y un verano inolvidable.
Barbacana
bella idea la de poner en el blog la foto del Sr. Pepe, seguro que a todos los que durante este tiempo nos hemos asomado a la página echaremos de menos sus bellas poesías, escritas con tanta ternura y sencillez.
Con sentimiento
Mi más sentido pésame a la "familia" Barbacana y a todos cuantos le conocieron. Yo no tuve esa suerte, pero su personalidad y virtudes quedaron fielmente reflejadas en este blog por todo aquel que le trató.
entro hoy en la pagina y me entero de la perdida de nuestro amigo. solo dar un abrazo a la familia y a los amigos de la pagina y decir que lo siento muchisimo.besicos.